Mientras el corona virus avanza sobre la población mundial un debate emerge de la confusión generalizada como eje principal en el horizonte de un mundo pos corona virus.

¿Vale más la vida que la economía?

La confusión aumenta cuando las tradicionales fronteras ideológicas se disuelven en declaraciones altisonantes, descabelladas y demenciales de los principales líderes mundiales.
Desde la propuesta mengueliana del británico Boris Johnson “que todo el mundo se infecte” hasta el llamado a “ir a comer a las fondas” del laborista López Obrador más cercanas a un personaje de chespirito que a un primer mandatario.

EL corona virus le quema los papeles a los clivajes vetustos de las ideologías políticas del siglo xx.

El presidente de El Salvador Nayib Bukele famoso por abordar el parlamento con tropas del ejército para “solicitarle” a los congresistas que aprueben su reforma financiera, llama a la contención social total, suspende pagos de alquileres y servicios, inyecta dinero en el bolsillo de los trabajadores y le advierte a los empresarios de su país que deben agradecer a Dios por sólo perder el 20% de su capital y poder conservar el 80% restante.

Qué decir del inefable Jair Bolsonaro quién abiertamente califica de “gripecita” al covid19 mientras intenta dejar sin sueldo por cuatro meses a los trabajadores en grupos de riesgo sanitario. Más de la mitad de su gabinete está infectado con el virus sin embargo y a pesar de los cacerolazos en muchos estados brasileros, el ex capitán insiste en “salvar la economía” mientras profundiza el enfrentamiento con los gobernadores que se niegan a responder a sus oŕdenes.

Quizá el líder que mejor tomó postura frente a la disyuntiva “Vida vs. Economía” es el septuagenario Donald Trump quien aseveró que “la cura no puede ser peor que la enfermedad” al referirse al aislamiento social y sinceró que los viejitos de los EE UU deben sacrificarse para dejarle una economía saneada a los más jóvenes.

Está claro que el mundo seguirá existiendo después del corona virus, sin embargo no son pocos los que sospechan que no será igual.

Uno de los fundamentos más profundos de las economías capitalistas infectadas por el covid19 es la idea de escasez.
Por un lado nos encontramos con administraciones que asumiendo el riesgo de muertes masivas continúan engordando a los mercados financieros e industriales como forma de fugar hacia adelante la inminente catástrofe humanitaria que acechan o son una realidad en sus países.
Una vez más no se encuentran diferencias entre el socialista Pedro Sánchez o el primer ministro italiano, el conservador Giussepe Conti a la hora de retardar las medidas humanitarias reclamas por los infectólogos en todo el mundo.
No es ignorancia, eligieron la economía.
Tampoco son producto del azar la opción por los pueblos que asumieron las administraciones de Alberto Fernández, Nayib Bukele o Vladimir Putín.
Al igual que sus pares europeos recibieron los mismos informes sanitarios provenientes de China, Corea del Sur, Japón y EE UU, pero ellos eligieron proteger la vida de los consumidores en lugar de acatar las exigencias de los mercados. Tal vez estos líderes desde una planificación consciente se dan cuenta que la retracción económica provocada por covid19 es una buena oportunidad para robustecer sus mercados internos y posicionarse mejor de cara a futuras o inmediatas negociaciones de deuda con agentes extranjeros.
Tal vez por la misma razón algunos líderes de potencias centrales trabajan para dejar correr la economía cueste lo que cueste previniendo un mundo pos pandemia donde ciertas hegemonías ya no puedan sostenerse.
Sin duda el motivo del temor de las potencias orbita alrededor del siempre listo argumento de la escasez.
En las economías capitalistas no alcanza para todos, sin embargo ante la certidumbre de un evento de extinción los estados administrados por líderes responsables ponen a disposición de la ciudadanía todos los recursos humanos y financieros que apenas días atrás parecían no existir.
Se trata de prioridades dicen, lo que cuenta es que la plata aparece y de un día para otro se licencian masivamente a trabajadores con goce de sueldo, se suspenden pagos de alquileres, servicios públicos, créditos bancarios, préstamos y tarjetas de crédito. Se inspeccionan comercios que no respeten precios máximos, se compran insumos para hospitales públicos, se limpian y desinfectan calles como nunca, se otorgan pagos extraordinarios a trabajadores de la salud, recolección de residuos y fuerzas de seguridad.
De repente un mundo mejor es posible y se pone en práctica.
Entonces: ¿Dónde estaban antes del covid19 los recursos que escaseaban?
La pregunta cava más profundo de lo que parece y abre preocupación en quienes cuentan los días y el dinero pensando en un mundo pos corona virus.

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